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Mi abuelo, mi padre y un libro de 1957 que vuelve a contar nuestra historia

Hay cosas que te pasan en la vida que no te esperas. Y esta semana me ha ocurrido una de esas que te hacen sentir una emoción especial.

Mi paisano y escritor Nacho Francia ha presentado este sábado 24 de octubre, a las 12:00h en la Casa de los Condes de Lumbrales la reedición de un libro publicado en 1957 por Luis Cortés Vázquez: «Las ovejas y la lana en Lumbrales: pastoreo e industria primitiva en un pueblo salmantino».

Hasta aquí podría parecer una noticia cultural más de mi pueblo. Un libro que se recupera después de muchos años agotado y que vuelve a poner en valor una parte importante de nuestra historia.

Pero resulta que este libro también cuenta la historia de mi familia.

Y eso ya son palabras mayores y una emoción muy grande para mi.

Mi abuelo Fernando y mi padre Juan Antonio, protagonistas de una historia que vuelve a la vida

En la primera página del libro aparece mencionado mi abuelo, Fernando Fregeneda, y también su hijo, Juan Antonio Fregeneda, mi padre, que entonces tenía 25 años y trabajaba como pastor.

¡Ahí es nada!

Mi abuelo y mi padre, en la primera página de un libro publicado hace casi setenta años.

Os podéis imaginar lo que significa para mí encontrar sus nombres en una obra que documenta precisamente el mundo del que venimos y por el mundo por el que a día de hoy sigo trabajando.

Porque yo también he sido pastor. También he conocido el trabajo con las ovejas, los días de campo, las dificultades de la ganadería y esa forma de vida que hoy parece tan lejana para muchas personas.

Para mí, el pastoreo nunca ha sido una historia que me hayan contado desde fuera. Es parte de mi familia, de mi infancia, mi herencia y de mi manera de entender la vida.

Y ahora resulta que una parte de esa historia quedó escrita en 1957, gracias al trabajo de un investigador que quiso conocer y documentar cómo vivían y trabajaban las gentes de Lumbrales.

A veces pensamos que la historia está en los grandes acontecimientos, en los personajes famosos o en los libros que estudiamos en el colegio. Pero también está en nuestros abuelos, en nuestros padres y en todas esas personas que salían cada mañana a trabajar sin imaginar que, muchos años después, alguien seguiría hablando de ellas.

Y esto lo he vivido de la mano de mi madre, Claudia.

Y aquí viene la parte que más ilusión me hace de toda esta historia.

Este sábado he ido con mi madre a la presentación.

Porque quiero que esté allí cuando se presente este libro. Pensadlo por un momento: mi madre va a encontrarse con el nombre de su marido y el de su suegro en la primera página de una publicación que lleva décadas agotada y que ahora vuelve a editarse.

Estoy convencido de que va a alucinar. Y yo, sinceramente, tengo muchas ganas de ver su cara.

Hay recuerdos que uno guarda en fotografías, en conversaciones familiares o en historias que se cuentan alrededor de una mesa. Pero encontrar a dos personas tan importantes para tu familia formando parte de un trabajo histórico es algo emocionante.

Es como si, por un momento, el pasado volviera a hacerse presente.

Y poder vivirlo con mi madre es, sin duda, lo más bonito de todo.

Luis Cortés Vázquez y su mirada al mundo rural de Lumbrales

El autor del libro, Luis Cortés Vázquez, nació en Caravaca de la Cruz en 1924 y falleció en Salamanca en 1990.

Fue filólogo, etnólogo, fotógrafo y profesor de la Universidad de Salamanca. Dedicó parte de su trabajo a investigar y documentar las tradiciones, las costumbres y las formas de vida de nuestros pueblos.

En 1957 publicó Las ovejas y la lana en Lumbrales, editado por el Centro de Estudios Salmantinos.

Y lo que hizo entonces tiene hoy un valor extraordinario.

Porque no se limitó a hablar de ovejas o de lana. Documentó una actividad que formaba parte de la economía, de la cultura y de la vida cotidiana de muchas familias de Lumbrales.

Recogió conocimientos, oficios y formas de trabajar que habían pasado de generación en generación.

Las imágenes originales de Luis Cortés se conservan en la Filmoteca de Castilla y León, institución que custodia más de 5.000 negativos de su trabajo fotográfico.

La nueva edición recupera esas fotografías, algo que me parece especialmente interesante.

Porque una fotografía antigua tiene una capacidad extraordinaria para acercarnos a una época.

Nos permite observar cómo vestían las personas, cómo trabajaban, qué herramientas utilizaban y cómo eran los lugares en los que transcurría su vida.

Y, sobre todo, nos ayuda a comprender que detrás de cada imagen había personas reales, con sus familias, sus preocupaciones y sus ilusiones.

Personas como mi abuelo y mi padre.

Lumbrales, un pueblo de pastores, ovejas, lana y telares

Para comprender la importancia de este libro hay que conocer un poco la historia de Lumbrales.

Mi pueblo, situado en la comarca salmantina de El Abadengo, tuvo durante siglos una relación muy estrecha con la ganadería y con los oficios vinculados a la lana.

Las ovejas proporcionaban una materia prima fundamental para una actividad que llegó a tener una enorme importancia en la economía local: los telares.

En el siglo XVIII, Lumbrales llegó a contar con más de cien telares.

De ellos salían mantas, costales, alforjas y otros productos textiles que se comercializaban incluso en Portugal.

Imaginad por un momento la actividad que debía de existir entonces en el pueblo.

Los pastores cuidando los rebaños, las familias trabajando la lana, los telares funcionando y los comerciantes llevando aquellos productos a otros lugares.

Todo un mundo de conocimientos y oficios que hoy forma parte de nuestra memoria.

Y lo curioso es que muchas veces no somos conscientes del valor que tiene nuestra propia historia hasta que alguien se preocupa de investigarla y dejarla por escrito.

Por eso considero tan importante que se recuperen publicaciones como esta.

Porque ayudan a entender de dónde venimos.

Y también a recordar que nuestros pueblos han sido lugares de trabajo, de actividad económica, de conocimientos y de personas emprendedoras mucho antes de que utilizáramos esas palabras.

Nacho Francia y la recuperación de nuestra memoria

Quiero dedicar también unas palabras a Ignacio Francia, Nacho para quienes le conocemos, escritor y paisano de Lumbrales.

Es él quien firma el prólogo de la nueva edición.

Además, no es la primera vez que trabaja para recuperar y difundir la historia de nuestro pueblo.

El pasado 1 de abril, durante la presentación de su cuaderno Los telares de Lumbrales, ya anunció esta reedición en la propia Casa de los Condes.

Me parece admirable que haya personas que dediquen su tiempo y sus conocimientos a investigar, escribir y recuperar historias que, de otra manera, podrían terminar olvidándose.

Porque conservar la memoria de un pueblo no consiste únicamente en mantener sus edificios o sus monumentos.

También significa recordar a quienes vivieron allí, conocer sus oficios y transmitir a las nuevas generaciones cómo era la vida de sus antepasados.

Y en esa tarea, los escritores y los investigadores tienen un papel fundamental.

Así que, Nacho, gracias por avisarme y por formar parte de esta iniciativa.

No sabes la alegría que me has dado.

La Casa de los Condes volverá a reunir pasado y presente

La presentación tendrá lugar en la Casa de los Condes de Lumbrales, un edificio que hoy alberga el Centro de Recepción de Visitantes del Territorio Vetón.

Es un espacio dedicado a dar a conocer el patrimonio histórico y cultural de nuestra zona, que cuenta con un museo arqueológico y conserva también un telar del siglo XX.

No se me ocurre un lugar más apropiado para presentar un libro sobre la historia del pastoreo y la industria de la lana en Lumbrales.

Al acto no sólo ha asistido Nacho Francia también una de las hijas de Luis Cortés Vázquez.

Será una oportunidad para conocer mejor el trabajo del autor, descubrir los detalles de esta reedición y recordar una parte importante de la historia de nuestro pueblo.

La nueva publicación estará disponible en librerías a partir del 30 de octubre.

Una buena oportunidad para quienes tengan interés en la historia de Lumbrales, la ganadería, el pastoreo o los antiguos oficios relacionados con la lana.

De aquellos pastores a los quesos de hoy

Mientras preparaba estas líneas, no he podido evitar pensar en cómo se relaciona todo esto con mi propia trayectoria.

Mi abuelo fue parte de aquel mundo.

Mi padre también.

Y yo crecí conociendo de cerca la vida de los pastores y el trabajo con las ovejas.

Después, mi camino profesional me llevó hacia la leche, el queso y la creación de Quesería La Antigua de Fuentesaúco.

Han cambiado las instalaciones, las tecnologías, las formas de trabajar y los mercados.

Pero hay algo que sigue siendo fundamental: el valor de la ganadería y de las personas que trabajan con los animales.

Sin los pastores y los ganaderos, no existiría el mundo quesero tal y como lo conocemos.

Por eso, cuando hablo de nuestros quesos, siempre me gusta recordar que todo empieza mucho antes de que la leche llegue a una quesería.

Empieza en el campo.

Y quizá por eso esta reedición me emociona tanto.

Porque me recuerda que mi historia personal y profesional tiene unas raíces muy profundas.

Unas raíces que están en Lumbrales, en mi familia y en el mundo de las ovejas.

Hay historias que merecen volver a contarse y este sábado una de ellas se ha vuelto a contar

Un fin de semana más que voy a Lumbrales, siempre con la ilusión de volver a mi casa, ver a mi madre, mi familia y vecinos, pero esta vez con una ilusión muy especial.

Hoy sin duda, con lo que me quedo es con la cada de mi madre disfrutando de éste acto.

Un abrazo,

Fernando Fregeneda
El Queseru

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